12/03/2012

El Niño y el Perrito

El dueño de una tienda estuvo clavando un anuncio al frente de su lugar de comercio que dijo “Se Vende Perritos” cuando de repente un niño apareció y le preguntó, “¿Cuánto cuesta comprar uno de estos perritos?”
El dueño contestó, “Dependiendo al perro, cuesta de $300 a $500 pesos cada uno.”
El niño puso su manito en su bolsillo y sacó algunas moneditas y dijo, “Solo tengo veinte siete pesos con cincuenta centavos. ¿Me dejarás por lo menos ver y tocar con uno de los perritos?”
El dueño rió y dijo, “Por supuesto”, abrió la jaula y sacó uno de los perritos más hermosos.
El niño observó que uno de los perritos estaba escondiéndose en el rincón de la jaula y que andaba como que si era cojo. El niño preguntó, “Y qué anda mal con este perrito, Señor?”
El dueño explicó que tenía algo mal con su cadera y que siempre será cojo.
El niño empezó a animarse bastante y dijo, “Ese es el perrito que deseo comprar.”
El dueño dijo, “No, hijo mío, tu no quieres comprar ese perrito. Si lo quieres, simplemente te lo regalo.”
El niño apunto su dedo al dueño y dijo, “No señor. No quiero que me regalas este perrito. Ese perrito tiene el mismito valor que cualquiera de los otros perritos. Y yo estoy dispuesto a pagar el precio completo. Si está bien contigo, te entregaré todo lo que tengo, los veintisiete pesos con cincuenta centavos y te prometo pagar cincuenta centavos cada mes hasta pagar por el perrito por completo.”
El dueño siguió insistiendo que no debería de comparar ese perrito. “Es que no entiendes, niño. Este perrito nunca jamás podrá brincar y correr contigo como los demás perritos deben.”
Para su gran sorpresa el niño levantó uno de sus pantalones y le mostró el soporte de metal que reforzaba su pierna destrozada por el polio. “Pues yo tampoco brinco y corro bien”, dijo el niño con voz muy suave, “y este perrito necesitará a alguien que le entiende bien”.

Hay  alguien  que te aprecia por lo que eres, te acepta y te ama incondicionalmente, porque ha estado en tus zapatos.. Su nombre es Jesucristo.

Porque no tenemos un sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza. Hebreos 4:15.

Fuente: http://www.renuevodeplenitud.com

11/12/2012

LOS CAUSANTES DE NUESTROS MALES...?


Juan Jarquín, un joven siempre callado y tímido de veinte años de edad, vivía con su padre y su hermana mayor Socorro. Ésta siempre había regañado y maltratado a Juan. Como se habían criado sin madre, Socorro había hecho las veces de madre para él; pero se le iba la mano, y sus insultos, castigos y regaños se volvieron insoportables.

Un domingo las ofensas llegaron a un clímax trágico. Socorro reprendió y maltrató severamente a Juan. Lo trató de inútil, de haragán y de inservible. El mal humor de la muchacha fue en aumento. Se airó a tal grado que tomó un palo y comenzó a propinarle golpes.
El muchacho tenía en la mano su machete de trabajo. Con la filosa arma pudo detener unos cuantos golpes del palo, pero al sentirse golpeado incesantemente, no soportó más. Toda la rabia acumulada por años, todo el deseo de desquite y toda la furia del muchacho ofendido y humillado estalló de pronto, y blandiendo el machete, lo asentó en la nuca de Socorro, dejándola casi decapitada.
La mujer cayó en el patio, moribunda, y Juan, aún sin darse cuenta de lo que había hecho, se quedó mirándola, sin pensar nada y sin hacer nada. ¡Otro crimen que ocurría, una desgracia más que se producía, debido a la violencia y a la furia que como caldera hirviente bullen en el corazón humano!
¿Por qué ocurren estas desgracias? ¿Por qué Dios, si existe y es poderoso y es bueno, no impide que un hermano mate a su propia hermana? ¿Por qué Dios no acaba con las guerras, con las matanzas, con los odios y con las venganzas? La respuesta es que Dios no es el causante de nuestros males. Somos nosotros mismos quienes los ocasionamos.
Dios nos hizo libres. Nos dio mente y razón. Puso moral y conciencia dentro de nosotros y estableció leyes perfectas para guiarnos. Si nosotros no cumplimos con lo que Dios nos manda, es decir, si desobedecemos sus leyes escritas en nuestro corazón, pagamos las trágicas consecuencias de haber infringido esa ley inevitable e inflexible de la siembra y la cosecha.
Dios nos ofrece una vida diferente. Él está dispuesto a librarnos de las exigencias de un corazón descontrolado. Cristo, el Redentor, Libertador y Salvador, nos ofrece su mano de apoyo. Sólo tenemos que acudir a Él y pedirle que sea nuestro Salvador.

10/05/2012

La Jabalina traicionera


Siempre le gustaron los deportes, y siempre se destacó en ellos. A los dieciséis años de edad, Alfredo Judd descollaba en béisbol, fútbol, atletismo y natación. Últimamente había empezado a practicar disco y jabalina para intervenir en una olimpiada intercolegial.
En uno de sus ensayos, Alfredo empuñó la jabalina y corrió para lanzarla, pero tropezó. La jabalina se le escapó de las manos, dio una voltereta en el aire y se clavó en el suelo por una punta. Alfredo, que siguió corriendo, cayó sobre la otra punta de la jabalina, y ésta quedó clavada en su cuerpo. La jabalina lo atravesó por el vientre, de lado a lado.
«¡Por favor, Dios mío, sálvame!», clamó Alfredo. Y aunque tenía atravesados estómago y páncreas, el joven pudo sacarse la jabalina del cuerpo y tener todavía ánimo de correr hasta alcanzar a sus compañeros.
El comentario del muchacho a los periodistas fue: «Me libraron mi deseo de competir y mi Dios, que nunca me falla.»
¿Quién dice que un joven estudiante, fuerte y competidor, no puede o no debe clamar a Dios en el momento de necesidad? Hay muchos que así dicen, o cuando menos así piensan. En estos últimos tiempos, hay cierto cinismo hacia el que confiesa tener fe en Dios. Más aún, muchos niegan a Dios abiertamente y se mofan de su santa Palabra, la Biblia. Pero hay también muchas personas que dan testimonio claro y transparente de su fe en Dios.
No tengamos miedo de confesar nuestra fe en Dios. Si no tenemos esa fe, hagamos entonces la primera oración que toda persona tiene que hacer: «Ten compasión de mí, que soy pecador.» Jesucristo corresponderá a nuestra plegaria, y nos dará la paz insondable y la seguridad de la vida eterna que Dios da a todo el que lo busca. Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida.

3/07/2012

Luz para los demas!!!

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
- ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves.. 
 
Entonces, el ciego le responde:
- Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi…

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil… Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás… ¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento…
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás! Sin fijarnos si lo necesitan o no… Llevar luz y no-oscuridad…

Todos pasamos por situaciones difíciles a veces… Pero no debemos proyectar nuestro dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros…

Nuestro dolor es y fue importante pero se minimiza si ayudamos a otros a soportarlo, si ayudamos a otro a sobrellevarlo… luz… demos luz… Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara,"Dios la puso en nosotros", la energía que permite iluminar en vez de oscurecer…