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8/05/2013

La medida del éxito...

No es la medida del monto que tengas en el banco,
ni la cantidad de hectáreas que posees.
No es una cuestión de prestigio o rango, ni de tendones, músculos o huesos.


No son los siervos que acuden a tu llamada,
no son las cosas que posees, ya sean muchas, pocas o nada, son tus hijos los miden el éxito.

Si son fieles, trabajadores, honestos y buenos, no importa lo que posean, todo el sudor y las lagrimas derramadas criando a un niño vale la pena, y son la medida del ÉXITO.




 Los hijos que tenemos son un regalo de Dios.
Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa.

(Salmos 127:3)

Traducción en lenguaje actual (TLA)

10/05/2011

Enseñando a los niños a ser útiles.

Una de las salvaguardias más seguras de los jóvenes es la ocupación útil. Los niños que han sido enseñados en hábitos de laboriosidad, de manera que todas sus horas estén dedicadas a ocupaciones útiles y placenteras, no tienen inclinación a quejarse de su suerte ni tienen tiempo para entregarse a sueños ociosos. Corren poco peligro de formar compañías o hábitos viciosos. En la escuela del hogar se les debe enseñar a los niños a cumplir con los deberes prácticos de la vida diaria. Mientras aún son jóvenes, la madre debe darles algunas tareas sencillas que hacer cada día. Necesitará más tiempo para enseñárselas que para hacerlas ella misma; pero recuerde que debe poner el fundamento de la utilidad en el edificio de su carácter. Piense que el hogar es la escuela en la que ella es la maestra principal. A ella le toca enseñar a sus hijos a cumplir rápida y hábilmente los deberes de la casa. Tan temprano en la vida como sea posible, se les debe enseñar a compartir las cargas del hogar. Desde la infancia se debería enseñar a los niños a llevar cargas siempre más pesadas, a ayudar inteligentemente en el trabajo de la familia.

Cuando llegan a una edad adecuada, deben proveérseles herramientas. Resultarán alumnos idóneos. "Si el padre es carpintero, debe dar a sus hijos lecciones de carpintería".

Los niños han de aprender de la madre hábitos de aseo, esmero y prontitud. Dejar que un niño tome una o dos horas para hacer un trabajo que podría hacerse fácilmente en media hora, es permitirle tomar hábitos dilatorios. Los hábitos de laboriosidad y de esmero serán una bendición indecible para los jóvenes en la
escuela mayor de la vida, en la cual han de entrar cuando tengan más edad.

No se debe permitir a los niños que piensen que todo lo que hay en la casa es juguete suyo, que pueden hacer con ello como quieren. Aún a los niños más pequeños deben dárseles instrucciones al respecto. Corrigiendo este hábito, se lo destruirá. Dios quiere que las perversidades naturales a la infancia sean
desarraigadas antes de transformarse en hábitos. No les deis a los niños juguetes que se rompan fácilmente. Hacer esto es enseñarles lecciones en el arte de destruir. Denle juguetes que sean fuertes y durables. Estas sugestiones, por insignificantes que parezcan, representan mucho en la educación del niño.

Las madres deben precaverse para no enseñar a sus hijos a depender de otros y pensar sólo en sí mismos. Nunca les deis motivo de pensar que son el centro, y que todo debe girar alrededor de ellos. Algunos padres dedican mucho tiempo y atención a divertir a sus hijos; pero se debe enseñar a divertirse solos, a ejercitar su propio ingenio y habilidad. Así aprenderán a contentarse con placeres sencillos. Debe enseñárseles a soportar valientemente sus pequeñas desilusiones y pruebas. En vez de llamar la atención a todo dolor trivial o lastimadura, distráigase su mente; enséñesele a pasar por alto las pequeñas molestias.

Estúdiese para aprender a enseñar a los niños a ser serviciales. Los jóvenes deben acostumbrarse desde temprano a la sumisión, a la abnegación y a la consideración de la felicidad ajena. Debe enseñárseles a subyugar el temperamento impulsivo, a retener la palabra apasionada, a manifestar invariablemente bondad, cortesía y dominio propio.

Recargada con muchos cuidados, la madre puede a veces creer que no puede tomar tiempo para instruir pacientemente a sus pequeñuelos y dedicarles su simpatía y amor. Pero ella debe recordar que si los hijos no hallan en sus padres y en sus hogares lo que satisfaga su deseo de simpatía y compañerismo, recurrirán
a otras fuentes, que harán peligrar tal vez la mente y el carácter.

Dedicad parte de vuestras horas libres a vuestros hijos; asociaos con ellos en sus trabajos y deportes, y conquistad su confianza. Cultivad su amistad. Dadles responsabilidades que llevar, pequeñas al principio, mayores a medida que vayan creciendo. Dejadles ver que consideras que te ayuden. Nunca, nunca permitas que te oigan decir: "Me estorban más de lo que me ayudan". 


Hablad a vuestros hijos del poder que Dios tiene de hacer milagros. Mientras estudian el gran libro de texto de la naturaleza, Dios impresionará sus mentes. El agricultor labra su tierra y siembra su semilla; pero no puede hacerla crecer. Debe confiar en que Dios hará lo que ningún poder humano puede realizar. El Señor
pone su poder vital en la semilla, haciéndola germinar y tener vida. Bajo su cuidado el germen de vida atraviesa la dura corteza que lo envuelve, y brota para llevar fruto. Primero aparece la hoja, después la espiga, y luego el grano lleno en la espiga. Al hablarle a los niños de la obra que Dios hace en la semilla, aprenderán el secreto del crecimiento en la gracia.

Hay indecible valor en la laboriosidad. Enséñele a los niños a hacer algo útil. Los padres necesitan sabiduría más que humana para comprender cómo educar mejor a sus hijos para una vida feliz y útil aquí, y un servicio superior y un gozo mayor en la otra vida.

fuente: Consejos para los maestros padres y alumnos Pag. 71.

8/26/2010

Crecimiento y desarrollo del niño en el primer año de vida.

¿Qué es el crecimiento?

El crecimiento físico se refiere a los desarrollos en altura, peso y en otros cambios corporales que ocurren según el niño(a) se hace mayor. El cabello crece; los dientes aparecen, se caen, y vuelven a aparecer; y eventualmente llega la pubertad. Todo ello es parte del proceso del crecimiento.

El primer año de vida de cualquier niño suele ser el más importante, es el que desarrollan sus sentidos, en el que crecen y aumentan de peso. Por ello, te vamos a explicar el crecimiento y desarrollo del bebé durante el primer año.
La mayor parte de los niños recuperan su peso de nacimiento hacia los 10 días después del parto, a continuación aumentan un promedio de 20 gramos al día durante los 5 primeros meses de vida y 15 gramos al día durante el resto del primer año. Normalmente doblará su peso hacia los 5 meses, y lo triplicará al año. La talla del niño normal aumenta, durante el primer año, de 25 a 30 centímetros, la talla media en el momento del nacimiento es de 50 centímetros. Durante los primeros meses de la vida se produce un claro aumento del tejido subcutáneo, que alcanza su máximo grosor alrededor del noveno mes.
El perímetro cefálico, que es de 34 a 35 centímetros en el momento del nacimiento, aumenta aproximadamente a los 44 centímetros alrededor del sexto mes y a los 47 centímetros al año. En el momento del nacimiento el perímetro cefálico es algo mayor que el torácico, pero al año los dos suelen ser iguales. Los dientes de leche aparecen en la mayoría de los niños entre el quinto y el noveno mes. Los primeros en aparecer son los incisivos medios inferiores, seguidos de los medios superiores y de los laterales superiores. A continuación aparecen los incisivos laterales inferiores, y luego, y en este orden, los primeros molares de leche, los caninos y los segundos molares. Al cumplir el año de edad, la mayor parte de los niños ya tienen de 6 a 8 dientes. En algunos casos, un niño puede tener tan sólo 2 dientes al llegar al año de edad, ello no significa que exista algún signo de alteración del crecimiento.Con el establecimiento de lazos emocionales y sociales afectivos con sus padres, junto con una confortable interacción mútua y una nutrición adecuada, los lactantes realizan un rápido progreso en el crecimiento durante el primer año de vida. Muy tempranamente, ya distinguen a las personas de los objetos en su entorno, y muestran ya entre las dos y las seis primeras semanas de vida que se encuentran mejor con personas que les son familiares que con extraños.

Hacia el final del primer año, la mayoría de los bebés:
  • Se sienta solo
  • Se apoya en las manos y rodillas
  • Gatea
  • Se empuja hasta ponerse de pie
  • Anda o camina apoyándose en los muebles, y posiblemente dé algunos pasos sin apoyarse
  • Utiliza el agarre de pinza fina o de precisión  
  • Dice “dada” y “mama”
  • Utiliza exclamaciones, tales como “¡Oh-oh!”
  • Intenta imitar palabras
  • Reacciona ante el “no” y a peticiones verbales simples
  • Utiliza gestos simples, tales como mover la cabeza de un lado a otro para decir “no” y saluda “adiós” con las manos
  • Explora los objetos de diversos modos (agitándolos, golpeándolos unos contra otros, tirándolos, dejándolos caer)
  • Empieza a utilizar objetos correctamente (beber de un vaso, cepillarse el pelo)
  • Encuentra objetos escondidos con facilidad
  • Mira la ilustración correcta cuando se nombra el motivo ilustrado 
Todos los niños son diferentes y se desarrollan con distinta rapidez. Si existen dudas en el desarrollo de un niño hay que consultar con el pediatra, especialmente si se trata de un retraso aislado en algún campo.

8/23/2010

El lenguaje del dolor en los bebé.


El llanto. Llorando es como los niños recién nacidos pueden expresar cuando algo les está causando dolor o alguna otra incomodidad
El llanto de un niño puede llegar a ser muy molesto, mucho más si se ignora que cuando son de edad muy tierna, ésta es su única forma de comunicar que algo le está causando  malestar.
Según el pediatra Edgar Allan Vargas, el llanto es la única forma que los bebés tienen para comunicar el dolor, y  la madre aprenderá ese lenguaje sin que nadie le enseñe, de la misma forma en que aprende a amamantarlo.
Pero siempre hay excepciones. “Algunas madres aprenden rápidamente a diferenciar cuándo el bebé llora por hambre, por un gas o un cólico, pero hay otras que son ansiosas, no quieren escuchar lo que le quiere decir el niño y entran en un círculo: creen que todo el llanto es por hambre y sólo responden alimentándolo, lo que produce más cólicos, más gases; se entra en un círculo vicioso. Esa ansiedad provocará más situaciones desagradables porque ella no ha aprendido a entender lo que el niño está diciendo”, comenta Vargas.
¿Cómo se identifica?  Si bien existe una comunicación especial entre madre e hijo, hay cambios que permiten diferenciar cuándo el niño está llorando por hambre o por dolor.
Vargas señala que cuando el bebé llora por hambre lo hace como un timbre o con una intensidad leve y al darle a succionar el alimento, se calma. El llanto del gas es muy parecido al llanto del hambre. “Son llantos intermitentes. Tú le das a comer, él succiona -el pezón o el biberón-, luego suelta y llora y repite la acción. Su barriga puede estar flácida o un poco tensa”, dice.
A diferencia de esto, cuando se trata de un cólico, el niño presenta un llanto continuo y en tono alto, se pone tenso, la madre intenta alimentarlo y no se calma; rechaza la comida, se ve rojo e  irritable. “Ese es un dolor fuerte. Muchas veces las formas del llanto y  la posición del niño, te van a dar señal de que algo no está bien”, apunta.

Cuando no es dolor.  El llanto del recién nacido alerta que algo está mal, pero también puede ser que simplemente necesiten algo. El llanto también lo usa para “decir” que está incómodo, aburrido, que desea que lo carguen, que el pañal le aprieta o está sucio. Por eso, la primera actitud ante el llanto debe ser identificar la razón y tratar de calmarlo.
“Esa actitud negativa de que es ñoñería, ‘déjalo que llore para que no se acostumbre’, es un poco cruel y puede tener repercusiones psicológicas. Cuando acudimos al llanto de un niño y lo calmamos con simples acciones como cambiarlo de posición, arrullarlo, cargarlo, le estamos dando una seguridad que va a repercutir en un futuro y va a aumentar el lazo afectivo entre padre e hijo o la persona que le esté dando el apoyo en ese momento. Algunos lo ven como cariño, pero yo creo que es más seguridad, que en el futuro se va a reflejar en la personalidad de ese ser, que le va a ayudar a ser más condescendiente con el dolor, porque  desde pequeño estaba recibiendo apoyo cuando le dolía algo”, dice Vargas.
Ruidos monótonos.  Cuando el niño llora y se han agotado todos los métodos, hay ruidos que pueden ayudar. El especialista sugiere hacer que el niño escuche ruidos monótonos, como el de un motor, el aire acondicionado, un secador o una licuadora, los cuales le recuerdan los sonidos que escuchaba en el vientre. “Esos ruidos son las canciones  y  el arrullo que él tenía cuando estaba en el vientre. Tenía dos melodías, la voz de mamá y su ritmo cardíaco. Ese ritmo monótono puede ser utilizado para calmar al niño”, explica.

La hora pico
El espacio entre las 6:00 de la tarde y 11:00 de la noche suele ser crítico para las madres primerizas. “Es la hora de ver la novela, hay que amamantar al niño, hay que preparar la cena, hay que atender al esposo, es la hora en que se fue la luz, es la hora a la  que llega visita. Hay una atmósfera de tensión en la casa y mamá se comienza a impacientar con toda la tensión. Aunque lo alimenta y le saca los cólicos, el niño sigue llorando, porque  recibe esa energía negativa. En esa situación, la madre debe pedir relevo, pasárselo a otra persona; muchas veces, con ese cambio de energía el bebé comenzará a calmarse.

(Escrito por: Raysa Corporan, periodico hoy)